La actual situación económica que estamos atravesando empieza a crear una nueva necesidad (o no tan nueva) en las empresas, cambiar de paradigma. A pesar de las evidencias patentes en la estructura organizacional de las mismas, sigue existiendo una gran resistencia al cambio; pero esta resistencia no es exclusiva del empresario, sino que el trabajador también se niega a abandonar su papel de asalariado o candidato a un puesto de trabajo para convertirse en un profesional que presta sus servicios a una determinada empresa, la cual obtiene un beneficio de su contratación y le devuelve una remuneración. Hace falta un espíritu emprendedor en ambas partes.
Existe aquí un pequeño obstáculo, y son los adjetivos que se suelen utilizar para definir a un/a emprendedor/a, tales como: valiente, arriesgado, soñador, idealista, aventurero, o carismático, entre otros. No voy a afirmar que sean exagerados, pues, tal vez, haya algún emprendedor que reúna esas características de superhéroe, sin embargo, me concedo el permiso y la autoridad de afirmar que en una sociedad, la española, que en una escala 0 - 10 mide su capacidad de asunción de riesgos en 2,4, estos conceptos alejan la figura del emprendedor y del emprendimiento de la gente corriente.
Para colmo, sigue existiendo una creencia brutal y casi inamovible de que para emprender un negocio, para poner en marcha una idea, sea cual sea, es necesario tener mucho dinero; seguimos sin conocer todos los recursos y herramientas de que disponemos, y aquellos que las conocen (y cuyos miedos les paraliza) las guardan en su mochila y las dejan en el fondo de las mismas.
Es aquí donde deseo incluir y proponer un decálogo de características que definen el perfil del emprendedor, pero un perfil que va mucho más allá del misticismo propuesto hasta ahora, que redunda en el conocimiento de uno mismo y de las potencialidades que nos van a permitir acometer el acto del emprendimiento.
- Autoconocimiento. Es necesario conocerse a sí mismo, entender el lenguaje de programación que utiliza nuestro cerebro, para así identificar esos miedos y creencias que nos limitan, combatirlas y superarlas. El mayor de los éxitos es una victoria interior.
- Responsable. Un/a emprendedor/a debe ser consciente de sus actos y conocer y aceptar las consecuencias de los mismos. Responsabilidad es la habilidad de dar respuesta, o como dice Covey, la respuesta interior a una situación o circunstancia exterior.
- Comprometido. Es decir, cumple las promesas que realiza y, si hay algo que no puede cumplir, no lo promete. Pero también comprometido con el entorno en el que se halla, en el que realiza su actividad.
- Generador de confianza. Debe ser capaz de, con sus actos y comportamientos, generar la confianza en aquellos que trabajan con él y en sus clientes; esta confianza surge como consecuencia del respeto. Para generar confianza debemos tener alineados valores y comportamientos.
- Humilde. Palabra proveniente de "hummus", la parte más fértil de la tierra, de la que mejor provecho se puede extraer. Se suele apostar por la soberbia del emprendedor, cuando es precisamente la humildad la que lleva y mantiene en el éxito las buenas ideas. Humildad versus soberbia, ¿qué opinan?
- Creativo. Para ser un buen creativo hay que trabajar mucho, es decir, hay que parir un hábito creativo a base de trabajo. Todo en la vida supone esfuerzo, y la creatividad no es menos; la inspiración aparece cuando se produce el esfuerzo, pero para ello hay que estar presente en el aquí y el ahora, no en el ayer o el mañana.
- Comunicador. Con capacidad para catalizar la pasión que siente por lo que hace en un mensaje entendible, tangible y que reporta beneficio para quien lo escucha. Practicar mucho sólo o en público es la única manera de aprender a comunicar, alineando comunicación verbal y no verbal, ambas igual de importantes.
- Con capacidad de aprendizaje. Un emprendedor debe ser capaz de aprender todos aquellos conocimientos, técnicas, herramientas y recursos necesarios para desarrollar su actividad. Más allá, debe ser capaz de desaprender lo aprendido cuando esto último ya no valga, o valga parcialmente para su desempeño profesional, reaprendiendo nuevamente su profesión desde una perspectiva abierta y flexible.
- Con capacidad de resistencia al éxito y al fracaso. El fracaso es cada día más necesario en el camino del éxito, y hay que entenderlo como una experiencia, que bien reflexionada, se convierte en un aprendizaje. El emprendedor debe entender igualmente que el éxito es fruto de su trabajo, y que si no es consciente de la variable aprendizaje-desaprendizaje-reaprendizaje, puede tornarse en un fracaso a largo plazo. Lo importante, en ambas situaciones, es ser consciente, responsable, proactivo y consecuente.
- Líder ecológico. Entendiendo por ecológico la capacidad del líder que gobierna a un equipo de manera cooperativa, colaboradora, motivadora, delegante y no tóxica; es un liderazgo que va mucho más allá del liderazgo asertivo, y que, consecuentemente, logra mayores cotas de productividad y éxito en la gestión de su equipo. Podríamos hablar de él/ella como guía, sherpa.
Este es el decálogo que propone noa coach como perfil del emprendedor/a del siglo XXI.
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